Las cuatro mujeres que más amaron a Joan Manuel Serrat, que prepara su adiós definitivo

Las cuatro mujeres que más amaron a Joan Manuel Serrat, que prepara su adiós definitivo

agosto 16, 2021 0 Por La Redacción

Se cumple medio siglo del estreno de «Mediterráneo», la canción más emblemática de Joan Manuel Serrat. Nuestro cantautor más celebrado lleva en activo desde mediados los años 60. Una amplia obra musical lo sitúa como un artista que ha brindado a tres generaciones su importante legado cultural, sociológico. Medita ahora este verano su adiós definitivo que podría producirse en 2022 durante una gira por España e Hispanoamérica.

La gestación de «Mediterráneo» se produjo entre agosto y noviembre de 1971, en un par de hoteles de Calella de Palafrugell (Gerona) y Fuenterrabía (Guipúzcoa), y también en un apartamento de Cala d´Or (Mallorca). Frente al mar, naturalmente, punto de imaginación del autor para crear una de las más bellas canciones de aquel tiempo, que ha resistido los años y ya es historia. El Noi del Poble Sec barajó un par de títulos antes de acceder al definitivo: «Amo al mar» e «Hijo del Mediterráneo».

«Mediterráneo» se grabó en unos estudios de Milán. Y en menos de una semana quedó completado el álbum. Importante fue que Juan Carlos Calderón realizara los excelentes arreglos del tema, donde introdujo notas de jazz y bossa nova.»Quizás porque mi niñez / sigue jugando en tu playa / y escondido tras las cañas / duerme mi primer amor, / llevo tu luz y tu amor / por donde quiera que vaya…». Cuántos de los que nos leen seguro estoy de que se saben de memoria ese comienzo de «Mediterráneo».

Los críticos musicales desde que se editó el álbum con mismo título hasta nuestros días no dudan en su mayoría en señalar a «Mediterráneo» como la mejor canción en estos cincuenta años transcurridos. Pero Serrat siempre ha considerado – a mí me lo dijo, como a otros – que esa canción no es mejor que otras suyas. Suele decir que «Canço de matinada» es la que más le gusta.

Lo cierto es que en el álbum que nos ocupa hay otras preciosas joyas musicales, como «Aquellas pequeñas cosas». Precisamente, meses atrás, un grupo artístico preparaba un musical así llamado. La pandemia hizo imposible aquel proyecto, por el momento. «Tío Alberto» reflejaba la historia de un singular bohemio, rico industrial, que se convirtió en mecenas de muchos jóvenes artistas, entre ellos Joan Manuel Serrat cuando éste empezaba. «Pueblo blanco» le surgió seguramente durante su estancia vacacional en el pueblo almeriense de Mojácar. «La mujer que yo quiero» parece ser se la inspiró una modelo danesa. Y «Lucía» estaba dirigida a una azafata de vuelo con que el cantautor vivió un bonito romance. El resto de los diez temas reunidos en el disco tenían también una indiscutida calidad, al punto de que de todos los grabados por él, éste es de los más afortunados.

La carrera de Joan Manuel Serrat había arrancado en 1965 de una manera ya profesional, después de unos años de tentativas, que de componente del grupo de la Nova Canço catalana resolvió independizarse e interpretar también canciones en castellano. Ello lo llevó a ser considerado un «botifler», que significa traidor. Serrat no tenía que dar explicaciones, pero era bilingüe, hijo de un anarquista catalán y un ama de casa aragonesa. Dos culturas que él siempre mantendría en su repertorio, en su educación, filosofía, forma de ser y pensar.

El episodio de negarse a cantar en el Festival de Eurovisión en español el tema seleccionado, «La, la, la», pocos días antes de su celebración cuando en principio había aceptado hacerlo en la lengua de Cervantes le supuso la censura de Televisión Española y toda la red de emisoras de Radio Nacional, que durante varios años no emitieron sus discos. Entre tanto, él había grabado un álbum fundamental en su discografía, «Dedicado a Antonio Machado», donde musicó poemas del gran poeta sevillano y aportó alguno propio. Tres años más tarde haría otro tanto rescatando una selección poética de Miguel Hernández. Unas declaraciones suyas cuando el franquismo tocaba a su fin fueron causa de que pasara una larga temporada en México. Principio de los muchos viajes que luego haría también a la Argentina y a otros países hispanoamericanos donde tanto lo admiran y quieren.

Vendrían también en temporadas más recientes algunas giras compartidas con Joaquín Sabina, la última, «No hay dos sin tres», interrumpida por un desgraciado accidente de su colega, al caer al foso de los músicos.

Siempre ha sido Joan Manuel Serrat una persona de trato afable, comprensivo incluso con los periodistas que se interesaban por su vida íntima. Afrontó con naturalidad cuando en 1969 un reportero descubrió que era padre de un niño nacido ese año, Queco, fruto de sus relaciones con una modelo morena llamada Mercedes Doménech. El cantante cumplió con sus deberes paternales y mantuvo siempre con su hijo un contacto frecuente, amén de ocuparse de los gastos de su educación. Hace ya años que Queco convirtió al «Nano» en feliz abuelo.

Con acento pícaro, Serrat solía responder a cuantos periodistas se interesaban del por qué se dedicaba a cantar y componer canciones: «Para tocar el trasero de cuantas muchachas podía». No se le consideró nunca como machista, desde luego. Tampoco se excedió nunca presumiendo de conquistador, que lo fue, sin duda. Tres conocidas mujeres se enamoraron profundamente de él. Marisol fue quien más llegó al corazón del cantante. Éste, no quiso continuar la relación sentimental que entre ambos se había establecido. Y en buena armonía, con dolor de la malagueña, lo dejaron. Charo Vega, nieta de Pastora Imperio, belleza con sangre calé, fue un amor de verano en la Marbella de los primeros años 70. Una entrañable amiga de aquella, Lolita, quiso a Joan Manuel con locura, pero él le hizo ver que debía madurar en la vida y esperar.

La mujer que llegó definitivamente al corazón de Joan Manuel Serrat fue Candela Tiffon, la hija de un importante directivo empresarial catalán, que curiosamente presidía la fábrica donde había trabajado de obrero el padre del cantante. Un matrimonio sin fisuras, padres de dos hijas, una de ellas actriz. Serrat ha sabido siempre compaginar sus actuaciones y viajes con su papel de esposo y padre de familia. Siempre responsable. Una vida que ha llevado con ejemplaridad, sorteando compromisos sociales y políticos. Merecido tiene ese descanso de sus actividades profesionales, si es que en verdad dice adiós a los escenarios en los próximos meses. Ya es una leyenda…

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